dr. Ricardo Orozco

Heather interno sí… pero ¿y Vine interno?

Heather interno sí… pero ¿y Vine interno? Ricardo Orozco

En 1996[1] recomendé el uso de Heather desde otra perspectiva diferente de la habitual que, como sabemos, corresponde a aquellas personas demasiado autocentradas, con carencia de autoestima y gran demanda de atención. Miedo a la soledad y, como características principales, la incontinencia verbal y el sufrir con frecuencia descontroles emocionales en forma de Cherry Plum y Holly.

Lo que llamé Heather interno constituía una aplicación diferente de la anterior, ya que la idea era la de prescribirlo también cuando alguien sufría de autocentramiento por motivos sobrevenidos: por ejemplo un diagnóstico de mal pronóstico, una cadena de síntomas ansiosos, una situación especial como una ruptura sentimental (“mi dolor, mi soledad, mi desgracia…”), naturalmente estados de duelo, etc.

En estos casos quedaba claro que no era necesario ajustarse al perfil de personalidad de Heather. Podía, por ejemplo, tratarse de un Mimulus, un Clematis o cualquier otra persona ya de por sí nada proclive a la extroversión. En el fondo era como si minimizásemos el estereotipo de Heather y lo metiésemos en cualquier lugar de nuestro cuerpo o de nuestra mente. La demanda de atención se ejercía, en este caso, no sobre los demás sino sobre nuestra propia mente en forma de pensamientos reiterativos además de autocentrados. En este punto debo que aclarar que el añadido de White Chestnut resulta más que recomendable, pues sin una reiteración continua, una especie de disco rayado en forma de círculo vicioso, el autocentramiento no parece posible.

Hay que reconocer que mucha gente se ha beneficiado de esta aplicación, ya que no cabe duda de que cuando la mente es liberada de esa insistencia pertinaz del Heather interno, disminuye considerablemente el malestar (la ansiedad, el dolor, el estrés, el sentimiento de soledad, el desánimo, etc.), y nos abrimos más al exterior. O tal vez es al revés: al poder abrirnos al exterior disminuye el malestar.

En realidad estos usos no son descabellados. Ya en el modelo del PT (Patrón Transpersonal®) se ha podido comprobar buenos resultados en su aplicación. En este modelo analógico, entendemos que la inflamación aguda, por ejemplo, obedece a un principio de aceleración (Impatiens)[2] o de sobreexpresión (Vervain). Las personalidades respectivas, responden también a este tipo de modelo: acelerados los primeros, acelerados y exaltados (inflamados) los segundos. 

Ahora bien, si el PT ha servido para extrapolar el retrato personal, siempre por analogía, a otras áreas de manifestación: fisiopatológica, somática, animal, vegetal, etc., el caso del Heather[3]interno y el hipotético de Vine, hablan de hacerlo a otras manifestaciones mentales. 

Hace poco, una ex alumna[4] me sugería el porqué no de un uso de Vine similar al de Heather: es decir interno. Pero ¿en qué situaciones podría intentarse su empleo? 

Creo que un caso bastante evidente es el de los obsesivos. Esto es, en el lenguaje floral, Oak, Rock Water y, en menor medida, Elm. Simplificando mucho, obsesivo quiere decir demasiado responsable, demasiado cumplidor, alguien que se debate en la ambivalencia entre el desafío y la obediencia. 

Desde una visión psicodinámica, el patrón obsesivo se fraguó casi siempre en un ambiente sobre exigente y represivo, donde los logros se daban por supuestos y los fracasos eran fuertemente castigados. Mejor dicho, cualquier desviación de la rígida disciplina. En cierta forma, los padres (o tutores, o educadores) querían que el niño se comportase como un adulto ejemplar en miniatura. Ante esta actitud parental punitiva, los niños aprendieron a sobrevivir reprimiendo sus emociones, ya que éstas los convertían en excesivamente vulnerables (evidente Cherry Plum) y los conducían al castigo. 

Además de criarse en la inseguridad que este tipo de educación fomentaba (temor, incertidumbre, baja autoestima) se sintieron a menudo sucios y sobre todo culpables. Es decir que el ambiente castigador les generó un sentimiento de culpa e infracción permanente. Para ello debieron desarrollar una estructura exterior rígida (Elm, Oak y Rock Water) y pretender controlar las situaciones mediante el micro control del detalle (perfeccionismo). Por eso eligen una vida metódica, rígida, segura. Por eso no delegan y supervisan todo. Por eso son tan moralistas y escrupulosos, tan rígidos y racionales. La espontaneidad y la alegría han sido sacrificadas por la artificialidad y la seriedad.

Los mandatos de los progenitores, una vez hechos adultos, quedaron interiorizados, aún cuando los padres hubiesen muerto. Por eso, cada vez que se trata de disfrutar de algo, o simple y merecidamente de descansar, se enciende una voz en off que dice: “¿Estás seguro de que has hecho todo bien, lo has comprobado?. ¡Estás a punto de ser malo otra vez! ¡Vago! ¡Sinvergüenza!”...

Digamos que si bien estos mandatos paternos se traducen en culpabilidad, y es bien cierto y notorio que los obsesivos deben tomar Pine, no es menos cierto que es como si tuvieran en su interior una especie de juez psicópatico destinado a tenerlos en un puño. Bien, este juez inclemente se llama Vine. ¡Y está dentro! 

Por supuesto que cualquier persona que se sienta culpable, aunque no sea un obsesivo, es posible que además tenga este inquisidor interior llamado Vine. Sin ir más lejos Centaury.

Pienso ahora en las dolencias especialmente destructivas, como algunos cánceres o cierto tipo de enfermedades auto inmunes como la artritis reumatoide. ¿No podría hablarse de una dinámica interna de Vine que “nos enseña”, con toda su buena intención, como la que acaso tuvieron aquellos padres de los obsesivos,  pero que al mismo tiempo nos destruye?

En realidad, puestos a elegir, en lugar de la escuela de los golpes duros, elijo la del corazón, la de las Flores de Bach.

[1] Orozco, Ricardo. Flores de Bach. Manual para Terapeutas Avanzados. Indigo. Barcelona, 1996.

[2] En toda inflamación aguda encontraremos calor, tumor (hinchazón) y rubor (rojez). Todo lo anterior significa mayor actividad, aceleración. Pero esto no es una novedad si pensamos que el poder antinflamatorio del Rescue Remedy corre a cuenta de Impatiens. Por otra parte sabemos que la mayoría de inflamaciones producen dolor.

[3] Últimamente he elegido provisionalmente los términos invasividad  / adherencia como PT de Heather.

[4] Celia Blázquez.

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© 2011 Ricardo Orozco